Etapa 1: Darse cuenta del problema
Me fui a depilar. La mina me pide que me ponga boca abajo y exclama:
- ¡Pa! ¿Qué te pasó?
- ¿Qué tengo?
- Mirate. Como arañazos, pero muchos —dice y, con tono pícaro, agrega: Lo importante es pasarla bien.
- No, no son uñas. Además no he tenido chances de taaanto— le digo queriendo sonar poco convincente. Me gusta fanfarronear y que crea que tengo una vida sexual.
Llego a casa, me miro mejor y, efectivamente, me veo toda la parte inferior de la nalga rasguñada. “Pucha”, digo. “O estoy bebiendo demasiado o tengo una enfermedad o algo”.
Pasaron como dos días hasta que me di cuenta. La tapa del wáter (de esas de plástico duro) estaba partida. Y, cada vez que me levantaba, me pellizcaba la nalga.
Etapa 2 (meses después): Buscar la solución
Un día fuimos al Chuy.
—¿No precisás nada para la casa?—pregunta mamá.
—Uy, sí. Ahora que decís, hace meses que preciso una tapa de wáter.
Las ferreterías me parecen sucias, caóticas, las odio. Pero a mamá le encantan. Se mete en una del lado uruguayo y sale con una tapa marrón (puaj). Me da la boleta por las dudas, por la Aduana.
—Me imagino que sabrás ponerla, ¿no? Es muy fácil. Son dos tornillos.
—Ay obvio, mamá. A esta altura de la vida, si no puedo poner una de estas… — digo mientras me fijo si hay instrucciones.
Etapa 3. Intentar el cambio
Sentada en el piso de mi baño, con las instrucciones que parecían claras, lo intenté, pero quedaba como suelta. Como que se movía.
Es muy feo estar sentado en el piso cerca del wáter. Hice lo que pude y concluí: “Debe de haber venido fallada esta tapa”. La dejé así.
Etapa 4: El clásico retroceso
Con los días, cada vez que me sentaba, temía resbalarme y salir despedida. “Para esto me quedaba con los rasguños”, pensé. Y ahí me pregunté:
—¿Y yo por qué tengo una tapa de wáter… si se supone que esto es para protegerme de la mala puntería de los hombres y todo indica que acá nunca habrá uno? ¿Para qué necesito una maldita tapa de wáter? ¿Y además por qué la compré en el Chuy, al mismo precio que en Montevideo, y la cargué 400 kilómetros? Solo porque mamá compra las cosas en el Chuy— me respondí.
Y ahí se me disparó una rebeldía inusitada:
¿Y yo por qué tengo repasadores, si siempre pensé que son un asco y juntan microbios?
Y empecé a fijarme en lo que tengo por costumbre: las bombachas en ese lugar, la sal en esa lata, la yerba en esta otra. ¿Y yo por qué tengo una guampa para poner la yerba en el mate, si es horrible esa guampa?
Etapa 5: El cierre
Me decidí a tirar todo lo “heredado”, todo lo que no formaba parte de mi voluntad. Pero justo ese día vino mamá a casa. Y fue al baño.
— ¿Por qué demoraste tanto, mami?
— Porque puse la tapa. ¿Vos no ibas a ir a depilarte?
— Sí, sí. Ya voy, ya voy.
jueves, 28 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Sincretismo religioso al desnudo
Me estoy duchando en el club y me olvidé del jabón. Tengo como 15 años viniendo y, en total, habrán sido 15 las veces que he traído y llevado todo lo que necesito.
He llegado a pensar que me gusta ser la caótica del locker, la boluda del vestuario. Que en un punto disfruto de peinarme con cepillos prestados y de irme sin bombacha.
Decía que hoy no traje jabón y justo justo hay uno nuevito en la ducha en la que estoy. Me acuerdo de mi hermana, que siempre dice que tengo un Dios aparte. Pero como soy más bien budista, yo le digo que es suerte.
La trayectoria de este Astral, me animo a decir, no supera las tres duchas. Lástima que es de los marrones, que no me gustan tanto como los rosaditos que tienen crema y huelen mejor.
Mientras me pongo el shampoo, pienso: ¿lo uso o me abstengo? Yo creo mucho en eso de que las malas acciones vuelven. Tipo, que si mato a una cucaracha capaz que me reencarno en eso. O que si le quito algo a alguien después otro me va a quitar a mí y así.
Acá hay dos posibilidades. Una es que si uso este jabón que no me pertenece el Universo me lo va a cobrar; y puede que con intereses. En ese caso, seguramente alguien me usará el cepillo de dientes o las bombachas. O mucho peor: me olvidaré del Kérastase en la ducha. O descubriré en unos días que la señora del Astral tenía herpes vaginal.
También puede ser al revés. Que estemos ante un acto de justicia y que el Universo haya decidido empezar, con este humilde jabón, a devolverme los centenares de productos que he dejado en tantos vestuarios.
Ya me puse la crema de enjuague en el pelo y con la filosofía oriental no avanzo en una solución. Entonces me acuerdo de la Semana Santa y me siento católica por un momento. Me enjabono, me limpio bien, me enjuago y después pido "que Dios me perdone" por la acción indebida. Y me dispongo a secarme en paz…
- No te puedo creer que otra vez olvidé la toalla. ¡Me cacho en dieux!
He llegado a pensar que me gusta ser la caótica del locker, la boluda del vestuario. Que en un punto disfruto de peinarme con cepillos prestados y de irme sin bombacha.
Decía que hoy no traje jabón y justo justo hay uno nuevito en la ducha en la que estoy. Me acuerdo de mi hermana, que siempre dice que tengo un Dios aparte. Pero como soy más bien budista, yo le digo que es suerte.
La trayectoria de este Astral, me animo a decir, no supera las tres duchas. Lástima que es de los marrones, que no me gustan tanto como los rosaditos que tienen crema y huelen mejor.
Mientras me pongo el shampoo, pienso: ¿lo uso o me abstengo? Yo creo mucho en eso de que las malas acciones vuelven. Tipo, que si mato a una cucaracha capaz que me reencarno en eso. O que si le quito algo a alguien después otro me va a quitar a mí y así.
Acá hay dos posibilidades. Una es que si uso este jabón que no me pertenece el Universo me lo va a cobrar; y puede que con intereses. En ese caso, seguramente alguien me usará el cepillo de dientes o las bombachas. O mucho peor: me olvidaré del Kérastase en la ducha. O descubriré en unos días que la señora del Astral tenía herpes vaginal.
También puede ser al revés. Que estemos ante un acto de justicia y que el Universo haya decidido empezar, con este humilde jabón, a devolverme los centenares de productos que he dejado en tantos vestuarios.
Ya me puse la crema de enjuague en el pelo y con la filosofía oriental no avanzo en una solución. Entonces me acuerdo de la Semana Santa y me siento católica por un momento. Me enjabono, me limpio bien, me enjuago y después pido "que Dios me perdone" por la acción indebida. Y me dispongo a secarme en paz…
- No te puedo creer que otra vez olvidé la toalla. ¡Me cacho en dieux!
domingo, 17 de abril de 2011
Consejos para hombres con los que salgo
No me gusta leer a mujeres que se quejan de los hombres, pero creo que debo hacer este pequeño aporte.
Mi target está compuesto, básicamente, por hombres que van a terapia (no por casualidad terminan en mi cama) y cuando me pasan algunas cosas pienso: “¡¿Cómo el psicólogo de este tipo no le avisó que eso no se hace?!” Así que me decidí a hacer esta pequeña contribución:
Parece una obviedad, pero no es. No hay que usar el baño de la mujer con la que sales para “ir de cuerpo”. Si las ganas son insoportables, inventás una excusa (tipo: “me pareció oír el motor de mi auto, aguantame que voy a ver”; “Pero si vos no tenés auto”, ponele que diga la mina; “Un amigo me prestó uno”, contestás y te vas a un bar en taxi o lo que sea. Todo, menos usar su baño con dolor de barriga.
Parece otra obviedad, pero tampoco lo es. Nunca hay que decir “te quiero” la primera vez que se va a la cama. Y menos que menos antes del coito. Porque ahí una dice: “pucha, aunque lo que venga ahora sea un desastre, me lo tengo que bancar”.
Tercero: “Excitar” es un verbo que queda bien en la radio, en la tele, en el lenguaje social. Si estás desnudo con una mujer decile cualquier otro verbo. Nunca se debe decir “Me excita tal cosa”. “Tus pezones me excitan” por ejemplo. Una frase infame. Habría que prohibirla directamente.
Otra cosa que deserotiza: la “s” en las conjugaciones que no llevan. Tipo: “Me gustastessssss desde que te vi”. Esa “ese” final, dicha en un momento en que la mujer aún tiene la ropa puesta, puede marcar el fin del encuentro. Se dice: “me gustaste”.
Si ves que ella tiene libros en la casa, no exclames como un asombrado nene de ocho años: “¡Paaa! ¿Todos estos libros leíste? (prohibido decir “leístes”, pero eso ya lo aprendimos). Porque uno se puede “excitar” con la antiintelectualidad, pero todo tiene un límite.
Después de medianoche poné el celu en silencio. No cuesta nada. No es que ella pretenda fidelidad aún, pero si te llega el clásico mensaje "En k andás?" a las 4 am y la mina se despierta sobresaltada y tenés que decir “es el mío, es el mío"… Como que no está bueno. Esto se agrava si no tenés un ringtone medio neutro, aunque a tu edad… ya sería hora.
Procura no olvidarte de cosas en su casa. Fijate si tenés todo: campera, radio del auto (tuyo o de tu amigo), celular, billetera, discos de grupos ignotos... Dejar la mochila con la ropa transpirada del club ya entra en la categoría del agravio, por supuesto.
Si ya mandaste un sms diciendo lo bien que pasaste (evita enviarlo mucho tiempo después, porque creerá que quedaste demasiado enganchado todo ese rato, ni tampoco cuando vas en la puerta, porque quedás como un ansioso). Te decía que si ya mandaste ese mensaje y ella aún no respondió, nunca, nunca mandes un segundo.
Otra regla de oro: no preguntes si se van a volver a ver antes de levantarse de la cama. Ella creerá que todas las mujeres anteriores te borraron al toque y por eso te preocupas. Y se sentirá tentada de imitar a sus congéneres, por las dudas. Puedes preguntar mientras te vistes (esta "s" sí va), aunque lo mejor es en la puerta.
Una básica: cuando estén abrazados mirando el techo, no preguntes “¿y vos por qué estás sola?”. No está bueno preguntar eso. Sobre todo, porque en la mayoría de los casos, como este, es demasiado obvio.
La más importantísima: si hay un shampoo común en el baño, tené a bien, por favor, no usar del Kérastase.
PD 1: Repasé los puntos y no ha sido tan grave... A mi amiga, te lo juro, un tipo le preguntó —mientras cenaban por primera vez— si tenía varices.
PD 2: Se me ocurren miles de consejos que los hombres que me conocen podrían escribirme. Seguramente todos arrancarían así: "Vos, para empezar, depilate".
Mi target está compuesto, básicamente, por hombres que van a terapia (no por casualidad terminan en mi cama) y cuando me pasan algunas cosas pienso: “¡¿Cómo el psicólogo de este tipo no le avisó que eso no se hace?!” Así que me decidí a hacer esta pequeña contribución:
Parece una obviedad, pero no es. No hay que usar el baño de la mujer con la que sales para “ir de cuerpo”. Si las ganas son insoportables, inventás una excusa (tipo: “me pareció oír el motor de mi auto, aguantame que voy a ver”; “Pero si vos no tenés auto”, ponele que diga la mina; “Un amigo me prestó uno”, contestás y te vas a un bar en taxi o lo que sea. Todo, menos usar su baño con dolor de barriga.
Parece otra obviedad, pero tampoco lo es. Nunca hay que decir “te quiero” la primera vez que se va a la cama. Y menos que menos antes del coito. Porque ahí una dice: “pucha, aunque lo que venga ahora sea un desastre, me lo tengo que bancar”.
Tercero: “Excitar” es un verbo que queda bien en la radio, en la tele, en el lenguaje social. Si estás desnudo con una mujer decile cualquier otro verbo. Nunca se debe decir “Me excita tal cosa”. “Tus pezones me excitan” por ejemplo. Una frase infame. Habría que prohibirla directamente.
Otra cosa que deserotiza: la “s” en las conjugaciones que no llevan. Tipo: “Me gustastessssss desde que te vi”. Esa “ese” final, dicha en un momento en que la mujer aún tiene la ropa puesta, puede marcar el fin del encuentro. Se dice: “me gustaste”.
Si ves que ella tiene libros en la casa, no exclames como un asombrado nene de ocho años: “¡Paaa! ¿Todos estos libros leíste? (prohibido decir “leístes”, pero eso ya lo aprendimos). Porque uno se puede “excitar” con la antiintelectualidad, pero todo tiene un límite.
Después de medianoche poné el celu en silencio. No cuesta nada. No es que ella pretenda fidelidad aún, pero si te llega el clásico mensaje "En k andás?" a las 4 am y la mina se despierta sobresaltada y tenés que decir “es el mío, es el mío"… Como que no está bueno. Esto se agrava si no tenés un ringtone medio neutro, aunque a tu edad… ya sería hora.
Procura no olvidarte de cosas en su casa. Fijate si tenés todo: campera, radio del auto (tuyo o de tu amigo), celular, billetera, discos de grupos ignotos... Dejar la mochila con la ropa transpirada del club ya entra en la categoría del agravio, por supuesto.
Si ya mandaste un sms diciendo lo bien que pasaste (evita enviarlo mucho tiempo después, porque creerá que quedaste demasiado enganchado todo ese rato, ni tampoco cuando vas en la puerta, porque quedás como un ansioso). Te decía que si ya mandaste ese mensaje y ella aún no respondió, nunca, nunca mandes un segundo.
Otra regla de oro: no preguntes si se van a volver a ver antes de levantarse de la cama. Ella creerá que todas las mujeres anteriores te borraron al toque y por eso te preocupas. Y se sentirá tentada de imitar a sus congéneres, por las dudas. Puedes preguntar mientras te vistes (esta "s" sí va), aunque lo mejor es en la puerta.
Una básica: cuando estén abrazados mirando el techo, no preguntes “¿y vos por qué estás sola?”. No está bueno preguntar eso. Sobre todo, porque en la mayoría de los casos, como este, es demasiado obvio.
La más importantísima: si hay un shampoo común en el baño, tené a bien, por favor, no usar del Kérastase.
PD 1: Repasé los puntos y no ha sido tan grave... A mi amiga, te lo juro, un tipo le preguntó —mientras cenaban por primera vez— si tenía varices.
PD 2: Se me ocurren miles de consejos que los hombres que me conocen podrían escribirme. Seguramente todos arrancarían así: "Vos, para empezar, depilate".
martes, 29 de marzo de 2011
El retrato de Gordian Girl
El psicólogo fue tajante: mi problema con los kilos era que no tomaba conciencia de lo que comía. “Debes observarte mientras comes”, ordenó. Y como soy muy literal, me compré un espejo y lo puse en una silla del comedor que está frente a la mía.
Los primeros días fue raro. Me daban ganas de convidarme, dejé de mojar el pan en los líquidos del plato y empecé a cuidarme de mis propios modales.
Después me empezó a gustar. Un día, casi sin querer, me deseé “buen provecho” y comenté en voz alta que la carne estaba un poco dura. A la tercera semana me pasaba hablando todo el almuerzo y casi no comía.
Al poco tiempo, la mujer que almuerza conmigo me dijo que estaba demasiado flaca. "Creo que unos kilos más te sentarían mejor", sentenció.
Me angustié. ¿Cómo hacía para engordar? “Se lo preguntaré a mi psicólogo”, pensé enseguida. Y me di cuenta de que había dejado la terapia.
Los primeros días fue raro. Me daban ganas de convidarme, dejé de mojar el pan en los líquidos del plato y empecé a cuidarme de mis propios modales.
Después me empezó a gustar. Un día, casi sin querer, me deseé “buen provecho” y comenté en voz alta que la carne estaba un poco dura. A la tercera semana me pasaba hablando todo el almuerzo y casi no comía.
Al poco tiempo, la mujer que almuerza conmigo me dijo que estaba demasiado flaca. "Creo que unos kilos más te sentarían mejor", sentenció.
Me angustié. ¿Cómo hacía para engordar? “Se lo preguntaré a mi psicólogo”, pensé enseguida. Y me di cuenta de que había dejado la terapia.
jueves, 10 de marzo de 2011
Oda a la inconsistencia
Si me decís, "¿vos qué envidiás?", yo te respondo: “a los contertulios de Cotelo”. ¡Cómo me gusta la gente que tiene una opinión formada! Envidio a esas personas a las que les resulta fácil ver qué está bien, qué está mal y por qué. Yo soy muy inconsistente.
Por ejemplo, un día fui a construir a un cante con los de Un Techo Para mi País, convencida de que estaba bueno lo que hacían. Pero después me hicieron ver otra cara de la cosa y lo precario de las construcciones. Y pensé: “Pa, no está bueno, no”.
Otra: hace poco Kari me pregunta qué me había parecido La Catalina con lo de la violencia y le digo que me gustó mucho.
-Para mí no está bueno que hagan toda la parte recitada con el mensaje de que la violencia está en todas partes, de que está en todos los barrios, y después canten solo desde la voz del marginado- argumenta ella.
- Pa, sí. Tenés razón. Eso no está bueno, no- admito.
Otro día vengo en el ómnibus por avenida Italia y veo un circo. “¡Un circooooo!”, me grito para los adentros. Y me alegro y pienso: “¡Qué divino! Voy a traer a mi sobrina”. Y lo siguiente que veo es un cartel que dice: “CIRCO = MALTRATO DE ANIMALES”. Y ahí digo: “Pa sí, tienen razón. Es horrible que haya circos. No está bueno, no”.
Y así con casi todo: la energía atómica, la legalización de la marihuana, la cuota femenina en las listas… Me gustaría ser más consistente y concluir cosas y sostenerlas. Pero no me sale.
Mientras me esfuerzo, trato de revalorizar una de mis pocas consistencias, algo que mantengo desde la adolescencia:
Habíamos quedado en que pintarse las uñas de los pies era horrible, ¿no es cierto muchachas? ¿Por qué ahora todas me cambian de opinión?
Por ejemplo, un día fui a construir a un cante con los de Un Techo Para mi País, convencida de que estaba bueno lo que hacían. Pero después me hicieron ver otra cara de la cosa y lo precario de las construcciones. Y pensé: “Pa, no está bueno, no”.
Otra: hace poco Kari me pregunta qué me había parecido La Catalina con lo de la violencia y le digo que me gustó mucho.
-Para mí no está bueno que hagan toda la parte recitada con el mensaje de que la violencia está en todas partes, de que está en todos los barrios, y después canten solo desde la voz del marginado- argumenta ella.
- Pa, sí. Tenés razón. Eso no está bueno, no- admito.
Otro día vengo en el ómnibus por avenida Italia y veo un circo. “¡Un circooooo!”, me grito para los adentros. Y me alegro y pienso: “¡Qué divino! Voy a traer a mi sobrina”. Y lo siguiente que veo es un cartel que dice: “CIRCO = MALTRATO DE ANIMALES”. Y ahí digo: “Pa sí, tienen razón. Es horrible que haya circos. No está bueno, no”.
Y así con casi todo: la energía atómica, la legalización de la marihuana, la cuota femenina en las listas… Me gustaría ser más consistente y concluir cosas y sostenerlas. Pero no me sale.
Mientras me esfuerzo, trato de revalorizar una de mis pocas consistencias, algo que mantengo desde la adolescencia:
Habíamos quedado en que pintarse las uñas de los pies era horrible, ¿no es cierto muchachas? ¿Por qué ahora todas me cambian de opinión?
miércoles, 9 de marzo de 2011
Un caso típico de negación
En terapia uno aprende muchas cosas. Por ejemplo, conceptos como la negación, la proyección, la transferencia y esas cosas. Y también se contagia un poco del lenguaje de los psicólogos.
Uno puede detectar a un terapiado si lo escucha decir frases como “tenés que resignificar ese lugar”, “desde el lugar donde ahora estás parado”, “si te mueves desde ahí”, "hacerse cargo", "poder conectar con" y cosas así…
Ahora ellos tienen una moda como de partir palabras y usar los prefijos enfatizados con una pausa. Tipo re / posicionarse, pre / ocuparse, sobre / dimensionar...Y uno habla con sus amigos y de repente se descubre cortando las palabras. Se revelan así las horas de diván que te dejan des / legitimado como hablante librepensador.
El otro día le estaba contando a mi pisco sobre mi encuentro con un hombre y él interrumpió el relato para preguntar:
— ¿Orgasmaste?
— ¿Qué me estás preguntando?
— Si te molesta, no tenemos que hablar de eso.
— No, no me molesta. Lo que te digo es que no podés preguntar así. No existe decir “orgasmar”. Eso no es un verbo.
— El lenguaje es un organismo vivo, en permanente cambio…
— Sí, sí… Pero no se puede conjugar “orgasmar”. ¿Cómo conjugo? Yo orgasmeo, tú orgasmeas, él orgasmea, nosotros… bueno… a esta altura ya necesitaríamos un baño.
Me mira serio. No le gusta que lo corrija ni con bromas. Agrega:
— Se puede decir tú orgasmas, él orgasma…
— Ah sí sí… cómo no… ¡Y el pretérito! ¡Dios mío! ¿Orgasmé? ¿Orgasmeé? No, hombre, no. El lenguaje está vivo, sí, pero si te oye esto creo que se suicida.
Me sigue mirando serio. Permanece callado. Yo ya quiero liquidar el tema y sacarle presión.
- Ehhh. No sé... Si querés te sigo contando de este hombre, que me des/ubicó, pero no voy a conjugar “orgasmar”. Vos pensarás: "Ahh, un típico caso de negación psicológica". Puede ser, puede ser, te lo concedo... Indudablemente, en el fondo, para mí es muy difícil poder hablar del lenguaje como de una cosa viva.
Uno puede detectar a un terapiado si lo escucha decir frases como “tenés que resignificar ese lugar”, “desde el lugar donde ahora estás parado”, “si te mueves desde ahí”, "hacerse cargo", "poder conectar con" y cosas así…
Ahora ellos tienen una moda como de partir palabras y usar los prefijos enfatizados con una pausa. Tipo re / posicionarse, pre / ocuparse, sobre / dimensionar...Y uno habla con sus amigos y de repente se descubre cortando las palabras. Se revelan así las horas de diván que te dejan des / legitimado como hablante librepensador.
El otro día le estaba contando a mi pisco sobre mi encuentro con un hombre y él interrumpió el relato para preguntar:
— ¿Orgasmaste?
— ¿Qué me estás preguntando?
— Si te molesta, no tenemos que hablar de eso.
— No, no me molesta. Lo que te digo es que no podés preguntar así. No existe decir “orgasmar”. Eso no es un verbo.
— El lenguaje es un organismo vivo, en permanente cambio…
— Sí, sí… Pero no se puede conjugar “orgasmar”. ¿Cómo conjugo? Yo orgasmeo, tú orgasmeas, él orgasmea, nosotros… bueno… a esta altura ya necesitaríamos un baño.
Me mira serio. No le gusta que lo corrija ni con bromas. Agrega:
— Se puede decir tú orgasmas, él orgasma…
— Ah sí sí… cómo no… ¡Y el pretérito! ¡Dios mío! ¿Orgasmé? ¿Orgasmeé? No, hombre, no. El lenguaje está vivo, sí, pero si te oye esto creo que se suicida.
Me sigue mirando serio. Permanece callado. Yo ya quiero liquidar el tema y sacarle presión.
- Ehhh. No sé... Si querés te sigo contando de este hombre, que me des/ubicó, pero no voy a conjugar “orgasmar”. Vos pensarás: "Ahh, un típico caso de negación psicológica". Puede ser, puede ser, te lo concedo... Indudablemente, en el fondo, para mí es muy difícil poder hablar del lenguaje como de una cosa viva.
martes, 8 de marzo de 2011
Hipocondríaca
Siempre me pasa lo mismo y no aprendo. No se puede decir liviandades sobre cosas serias. Esta vez estábamos ya acostadas en Aguas Dulces. Y el rancho era todito de paja. 100% paja.
-Yo soy hipocondríaca- digo para todas.
-Sí, ya sabemos. ¿Qué te pasa?- preguntó Vicky.
-Que alquilaron un rancho todo de paja y creo que acá es donde habitan las vinchucas que te dan Mal de Chagas.
- Eso es en las casas de barro.
-Las de adobe y las de paja- insisto.
-No, es en el campo, en las de barro. Y acá no hay vinchucas.
- Por las dudas voy a dormir con los ojos tapados, porque dicen que te pican alrededor de los ojos. Me voy a poner esta media en la cabeza, y de paso no me despierta la luz cuando amanezca. ¿Ustedes no estudiaron Mal de Chagas?
Se quieren dormir y no me dan bolilla. Entonces empiezo a divagar:
-¡Seis años enseñándonos Mal de Chagas e hidatidosis en la escuela! ¡Por Dios¡ ¡Para qué, decime vos! ¿Qué chances tiene un niño de ciudad de contagiarse hidatidosis? Yo jamás conocí a nadie que tuviera. Y nunca en mi vida vi una achura cruda. Ni cruda ni cocida, creo. Es más, estoy dudando de que realmente exista la hidatidosis. En vez de enseñarnos sobre la obesidad, las contracturas, la celulitis… tipo, las cosas que nos iban a pasar seguro, nos enseñaban sobre quiste hidático. Espero que hayan cambiado los programas. Hablando en serio, para mí que la hidatidosis es un invento. Nunca escuché de una sola persona que tuviera quiste hidático.
-Mamá tuvo- me corta Vicky-. La operaron tres veces.
Silencio. Cri Cri. Agarro la media, me tapo los ojos y digo que me duele el pecho. “¿Me irá a dar un infarto acá?”- pregunto.
-Yo soy hipocondríaca- digo para todas.
-Sí, ya sabemos. ¿Qué te pasa?- preguntó Vicky.
-Que alquilaron un rancho todo de paja y creo que acá es donde habitan las vinchucas que te dan Mal de Chagas.
- Eso es en las casas de barro.
-Las de adobe y las de paja- insisto.
-No, es en el campo, en las de barro. Y acá no hay vinchucas.
- Por las dudas voy a dormir con los ojos tapados, porque dicen que te pican alrededor de los ojos. Me voy a poner esta media en la cabeza, y de paso no me despierta la luz cuando amanezca. ¿Ustedes no estudiaron Mal de Chagas?
Se quieren dormir y no me dan bolilla. Entonces empiezo a divagar:
-¡Seis años enseñándonos Mal de Chagas e hidatidosis en la escuela! ¡Por Dios¡ ¡Para qué, decime vos! ¿Qué chances tiene un niño de ciudad de contagiarse hidatidosis? Yo jamás conocí a nadie que tuviera. Y nunca en mi vida vi una achura cruda. Ni cruda ni cocida, creo. Es más, estoy dudando de que realmente exista la hidatidosis. En vez de enseñarnos sobre la obesidad, las contracturas, la celulitis… tipo, las cosas que nos iban a pasar seguro, nos enseñaban sobre quiste hidático. Espero que hayan cambiado los programas. Hablando en serio, para mí que la hidatidosis es un invento. Nunca escuché de una sola persona que tuviera quiste hidático.
-Mamá tuvo- me corta Vicky-. La operaron tres veces.
Silencio. Cri Cri. Agarro la media, me tapo los ojos y digo que me duele el pecho. “¿Me irá a dar un infarto acá?”- pregunto.
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