Hace bastante aprendí en terapia que no está buena la dinámica controlador- controlado; que debo valerme por mí misma para ser más libre, porque los controladores te quitan libertad.
Claro, te facilitan la vida también. El controlador es el que siempre sabe lo que te conviene, el que no te deja caer en tu caos.
Es la persona que no deja que llegues tarde a los lugares ni que te manden al Clearing… Es quien sabe que después vas a querer ponerte esa ropa, y entonces te la lava antes, para que esté seca. O que puede prever que después vas a sentir sed, y te lleva una botellita de agua en su bolso.
El controlador es el que te unta su protector solar y te recuerda que hoy cumple años Fulanito, que no te olvides de llamarlo.
Yo lo busco con mi inconsciente como un adicto a la droga, pero cuando viajo siempre tengo la fantasía de reinventarme, de ser más libre.
En el último seminario conocí a una cubana y el primer día nos sentamos juntas a la hora del almuerzo.
—Coge una gaseosa del refrigerador, que es gratis- me indicó mi amiga nueva.
—No, no. Ya tomé agua-contesté.
—Cógela igual, porque en la tarde hará calor y te va a dar ser. Cógela, porque si no tendrás que comprar una después.
(Acá me tuve que tranquilizar a mí misma para no reaccionar: “lo hace por cubana, no por controladora”, “lo hace por cubana, no por controladora”, me repito, y supero la situación con un:
—Ok. Después agarro una.
Pero al otro día suena el teléfono a las siete. Es ella. Dice que me llama para que “no me vaya a quedar dormida y llegar tarde”.
“No era por cubana”, me resigno. Y mi corazón le da la bienvenida a mi nueva controladora.
sábado, 10 de agosto de 2013
Enferma de soberbia
Aprendí a la fuerza que lo que critico con soberbia después se me viene encima, como una maldición. Por eso trato de no hablar mal de nadie, pero necesito que hagamos algo por un sector de la sociedad al que no veo nada bien: el del médico certificador.
Mirá que, gracias a mi hipocondría, a mí me cabe cualquier médico, independientemente de su edad, peso, raza. Pero el médico certificador se me cuela por un agujero muy sórdido, no sé cómo explicarlo. Me deserotiza completamente.
No es lástima ni solidaridad lo que siento cuando viene uno. Es medio parecido a cuando veo a una pareja ostensiblemente Badoo… Tipo un “Faa, qué embole”.
Antes las emergencias te mandaban a unos pibes recién recibidos y estaba muy bien. Pero ahora, con la bonanza económica, se ve que esos pibes se van a estudiar al exterior. Y el sector de los certificadores se llenó de tipos agrios, fumadores, hartos de estacionar en lugares inciertos, ojerosos.
Un día, ahora lo sé, lo puedo prever, en un reposo de estos me voy a terminar haciendo un perfil de Badoo. Y mi primera cita será con este señor gordo que ahora guarda papeles en el bolso de su único congreso. Porque el mundo es redondo, y siempre te cura las soberbias.
Mirá que, gracias a mi hipocondría, a mí me cabe cualquier médico, independientemente de su edad, peso, raza. Pero el médico certificador se me cuela por un agujero muy sórdido, no sé cómo explicarlo. Me deserotiza completamente.
No es lástima ni solidaridad lo que siento cuando viene uno. Es medio parecido a cuando veo a una pareja ostensiblemente Badoo… Tipo un “Faa, qué embole”.
Antes las emergencias te mandaban a unos pibes recién recibidos y estaba muy bien. Pero ahora, con la bonanza económica, se ve que esos pibes se van a estudiar al exterior. Y el sector de los certificadores se llenó de tipos agrios, fumadores, hartos de estacionar en lugares inciertos, ojerosos.
Un día, ahora lo sé, lo puedo prever, en un reposo de estos me voy a terminar haciendo un perfil de Badoo. Y mi primera cita será con este señor gordo que ahora guarda papeles en el bolso de su único congreso. Porque el mundo es redondo, y siempre te cura las soberbias.
Al César lo que es del César
Con esto de que lo dieron en la tele y de que está en Youtube, ahora cualquier paseador de barrio se siente un poco el Encantador de Perros, me parece.
Yo miré todos los capítulos y nunca pude hacer que Mengana me trajera la pelotita, pero hay gente que se coloca en el personaje y se siente César.
Ayer se me acercó uno en la rambla. Venía arrastrado por cuatro grandes machos y me explicó:
— Disculpá que te moleste. Quiero que se acerquen a tu perro porque tiene muy buena energía.
— Todo bien.
— Si te incomodo decime. Ellos son muy ansiosos y siento que les hace bien que caminen cerca de la energía que tiene el tuyo, que me parece muy linda. ¿Viste cómo se le acercan?
Hablamos un poco y nos despedimos sin más. Pensé en contarle que mi perro no tenía ninguna energía especial, sino que era hembra y estaba en celo, pero para qué, César, para qué.
Yo miré todos los capítulos y nunca pude hacer que Mengana me trajera la pelotita, pero hay gente que se coloca en el personaje y se siente César.
Ayer se me acercó uno en la rambla. Venía arrastrado por cuatro grandes machos y me explicó:
— Disculpá que te moleste. Quiero que se acerquen a tu perro porque tiene muy buena energía.
— Todo bien.
Hablamos un poco y nos despedimos sin más. Pensé en contarle que mi perro no tenía ninguna energía especial, sino que era hembra y estaba en celo, pero para qué, César, para qué.
domingo, 4 de agosto de 2013
Como en las películas
Conocí a un italiano belíssimo en el lobbie de un hotel. Era
justo justo mi tipo: cincuenta y cinco años, pelo cano, ojos azules, un solo
infarto.
¿Cómo nos enamoramos? Él me pidió que por favor le leyera el correo en la tablet, porque esa tarde había olvidado los lentes de aumento en un taxi y no podía leer.
Leí con mi italiano de liceo público del interior y después, ya sabes… Lo típico: primero lees correos sobre negocios en Medio Oriente, después reflexionas sobre la vida en plan carpe diem, tomas una cerveza, más carpe diem, cerveza, carpe diem…
Al despedirnos, me tomó la mano y me dijo “I love you”. En mi dedo pude sentir el fresquito de su alianza, pero le encajé un “I love you” también. Para jugar un poco a las películas. Carpe diem.
lunes, 13 de mayo de 2013
Amante
- No es mi amigo. Ya te dije. Es mi amante. A mis amigos yo los elijo.
- ¿Y a tus amantes?
- Me los manda Dios.
domingo, 12 de mayo de 2013
Aplausos para Jane
Cuando vinimos a vivir a Montevideo me anoté en un gimnasio. Mi hermana, más ahorrativa y con más voluntad, hacía ejercicios en el apartamento.
Había conseguido un libro viejo de Jane Fonda y, como lo tenía que devolver, se le ocurrió grabar un casete. Así, todas las tardes se escuchaba dándose a sí misma unas indicaciones muy detalladas, en un acto que era —para mí— muy gracioso.
La propia Jane Fonda con sus calentadores del libro me daba risa. Yo estaba en esa etapa de soberbia infundada que le viene a uno solo porque es joven. Y ta: me reía de Jane Fonda. Me parecía tan vieja, sus ejercicios me parecían tan pasados de moda, el libro era en blanco y negro, todo era tan que no daba…
En un momento el casete decía: «Abrimos las piernas, baja la espalda y caen los brazos al medio, caen, caen… Y ahora subimos los brazos y los bajamos, los subimos y los bajamos, como si recogiéramos hierba». Esa era mi parte favorita, en la que me reía más, la de «recoger hierba».
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Hoy en el cine dieron una con Jane Fonda, que no sé cuántos años tiene pero son muchos, cerca de 80. Y qué te cuento que la señora tiene un cuerpazo que te querés matar de la envidia.
Si no fuera tan tarde tendría que llamar a mi hermana y preguntarle dónde quedó el casete, quién tiene ese libro. Y después hacer esa gimnasia hasta el fin de mis días. Porque, o los ejercicios son los mejores posta, o la hierba le pega demasiado bien a Jane.
lunes, 6 de mayo de 2013
Marina la precavida; yo la lista
Con Marina decidimos compartir el apartamento en 2003. Hasta 2007, recuerdo, ella atesoraba, cronológicamente, los recibos de Ute y Antel.
Aunque es de acá, Marina le teme a los juicios insólitos cual nacido en Manhattan, y te guarda todos los comprobantes. Para siempre.
—Marina: incluso si se diera el caso de que necesitáramos un recibo de UTE del año 2003 —yo hacía un esfuerzo de imaginación —: ponele que alguien se raya y va al juzgado y nos acusa de que ese año estuvimos colgadas de la red… En la desesperación, ¡ni vamos a encontrar estos recibos, no sé para qué los guardamos!
Ella hacía como que no oía y guardaba todo. Yo los tengo todavía. La documentación de esta casa entre 2003 y 2007 está completa en una carpeta azul.
Cuando Marina se fue a Inglaterra quise ser desprevenida. Ahí mismo en el Abitab. Iba, la mujer me cobraba y yo empezaba a rumbear para la puerta antes de que me devolviera los recibos con el sellito. Cuando me gritaba: “¡Señora, sus recibos!” yo sobraba desde la puerta:
—¡Tiralos! ¡Yastá!
Si quien me atendía se ponía firme en que me los tenía que llevar, yo agarraba los recibos de mala gana y los metía en la papelera más cercana a sus ojos, como diciéndole: “Esto es un país moderno, ingenuo”.
Pero Dios quiere a los precavidos. El mes pasado pagué Antel y este mes… OPA OPA. Debía todo de nuevo. Ahora vendrá la tontería repetir en los bares que las empresas públicas son un desastre, y la sensatez de seguir extrañando a Marina.
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